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Sabor a Málaga: una etiqueta sin contenido

28 de mayo de 2026

Sabor a Málaga es una marca pública de promoción gastronómica dependiente de la Diputación Provincial de Málaga y financiada íntegramente con fondos también públicos. Tras más de diez años de trayectoria, su presencia en los grandes canales de distribución sigue siendo testimonial.

Los productos que portan su insignia no superan el 1 % de cuota en Makro, rondan el 0,5 % en Mercadona y apenas alcanzan el 1 % en Carrefour. En El Corte Inglés, un espacio preferente para productos de calidad, la presencia es nula. Los porcentajes se ha extraído a lo largo del último año. Pero es que además, estos mínimos porcentajes se logran con productos de poco valor añadido, fundamentalmente patatas fritas o aceitunas, donde el Diseño Gourmet es completamente inexistente, como puede verse en la foto que ilustra el reportaje.

Los vinos malagueños, pese al supuesto esfuerzo realizado, siguen siendo los grandes ausentes.

Esta carencia no es menor. Afecta directamente al sector gastronómico local, que no logra posicionar sus productos en los circuitos de distribución que realmente importan.

También perjudica a la hostelería, motor económico de la provincia, que no encuentra en estos canales la oferta local que podría diferenciar su propuesta.

La falta de tracción comercial real contrasta con la visibilidad que la marca genera en otros ámbitos, pero sin traducirse en resultados tangibles donde se mide la viabilidad de cualquier proyecto: en las estanterías y en las ventas.

Resulta contradictorio que una iniciativa con esta dotación presupuestaria y este respaldo institucional concentre sus esfuerzos en organizar mercadillos locales de venta directa al público —con transacciones que quedan fuera de control económico— y en la comercialización de productos genéricos, algunos incluso industriales, mientras los grandes operadores de distribución siguen sin apostar por la marca.

No se trata de visibilidad puntual ni de eventos ocasionales. Se trata de construir presencia sostenida, credibilidad comercial y acceso real al mercado.

Animamos a Sabor a Málaga a replantear su estrategia para justificar la inversión pública que recibe. Porque una marca que no está en los lineales donde compran los consumidores y los profesionales no es una marca que funcione. Es solo una etiqueta sin recorrido.

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