
Nuestros amigos de Baraka celebran estos días su primer aniversario en su local de la Plaza Fernández Viagas 19, en la zona del mercado de abastos y en pleno corazón de la ciudad.
Tuvimos la oportunidad de visitarlos coincidiendo con la II Edición de Antequera Que Bien me Sabe. Una cena en la que hemos vuelto a disfrutar de algunos de sus clásicos como el trio de porras, las croquetas y también de novedades como el tartar de atún o las carrilleras al vino tinto.

Propuestas que son un éxito absoluto como corresponde a un Restaurante Recomendado All Stars.
La velada arrancó con uno de los platos más demandados y queridos por los clientes de Baraka, su trío de porras. Una propuesta que nos lleva desde la cocina más tradicional hasta la versión más vanguardista de Patrycia Claros, su alma mater y la persona que se coloca al frente de los fogones.
El trío está compuesto por la porra clásica, auténtico ADN de la comarca y una de las sopas frías por excelencia de la gastronomía nacional; la porra de naranja, ideal para los meses de más calor y la porra de mango, tomate seco y bites de gambas con queso, ganadora de la III Edición de la Ruta Gourmet de la Porra de Antequera.


El siguiente paso nos llevó a otro de las estrellas en la carta de Baraka, sus croquetas. La cremosidad de su bechamel o la intensidad de sus sabores hacen que cada bocado sea una auténtica delicia. Y la enorme diversidad: de carbonara, jamón, cocido, rulo de cabra, bacalao o langostinos al pil… La visita se hace imprescindible para encontrar la preferida.

La opción sin gluten llegó con el timbal tropical de langostinos. El aguacate, el mango, el pomelo, en perfecto contraste, ponían las notas refrescantes del Caribe y acompañaban a unos extraordinarios langostinos.

Llegó el turno para el tartar de salmón ahumado. El rey del mar tuvo en los cítricos aportados por lima, aguacate y mango a sus mejores aliados para intensificar su frescura y sabor. El resultado es un plato con gran equilibrio y potente sabor.

El momento para los amantes de la carne llegó con la carrillera ibérica al vino tinto. Más de 4 horas a fuego lento en olla, reproduciendo las técnicas de la mejor cocina casera, dan como resultado un plato único e irrepetible. El comensal comienza a salivar con los aromas de la carne fundida en el vino y alcanza su éxtasis en cada bocado mientras se deshace en pequeñas hebras cuando se cata. Un final apoteósico que demuestra el poder de la Cocina de Baraka.
